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El año que el Judas se multiplicó

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  ‎En Terecay, la quema de Judas era una sola. Siempre había sido una sola. Pero ese domingo de resurrección, cuando el sacristán fue a buscar el muñeco que habían guardado en la sacristía, encontró que eran dos. Y cuando llamó a don Próculo para que lo ayudara a cargarlos, ya eran cuatro. ‎Nadie supo explicarlo. El padre Anselmo dijo que era cosa del calor. Los más viejos dijeron que era cosa del tiempo. El caso es que para cuando los colgaron en el callejón del tamarindo, nadie se atrevió a contarlos. ‎El padre Anselmo tenía la costumbre de llevar al monaguillo a todos los actos del pueblo, argumentando que era bueno para su formación ver cómo vivía la gente. Lo que el padre Anselmo no calculó es que los niños, cuando los llevan a ver cómo vive la gente, efectivamente lo ven. ‎Doña Perpetua fue la primera en acercarse. Llevaba el rosario enroscado en la mano derecha como siempre, como si fuera parte de su anatomía. Miró al Judas del centro y dio un paso atrás. Del muñeco salían l...

El lúcido de la plaza

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  Nadie sabía con certeza cuándo había llegado Prudencio a la plaza de Terecay, ni de dónde. Lo cierto es que llevaba tanto tiempo bajo el samán del centro que el árbol y él parecían haber crecido juntos, como dos formas distintas de la misma raíz. Dormía sobre un cartón doblado con la parsimonia de quien hace de la intemperie una costumbre, y se cubría con un saco de yute que olía a lluvia vieja y a tierra de sabana Los perros del pueblo lo conocían. Las gallinas lo rodeaban sin miedo. Los niños, a veces, le dejaban trozos de mango cerca de la banqueta, más por curiosidad que por caridad. El pueblo lo llamaba el Loco, pero lo decían sin maldad, con esa familiaridad resignada con que se nombra lo que no se entiende. Lo que sí era innegable es que Prudencio miraba. Miraba con una fijeza que incomodaba. Sus ojos —dos piedras oscuras y quietas, como los pozos de agua que se forman en el llano después de la tormenta— no se perdían en el vacío como los ojos de los locos de las historias...