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El Testigo de Barro y Ternura.

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Valencia, a mediados del siglo XX, olía a café recién colado y a tierra húmeda del lago. Por las calles de polvo y sol, donde las tapias encerraban jardines de mangos y merey, se empezaba a sentir el jadeo de la modernidad, pero el ritmo aún lo marcaba el tranco pausado de las bestias. En una de esas casas de corredor amplio, vivía la familia de don Luis, un hombre de carácter jovial y de una palabra tan firme como los samanes del camino real. A su hermano, el tío Renato, hombre recio y de pocas pero certeras palabras, le unía una amistad inquebrantable con don Humberto, dueño de una pequeña finca en las afueras. Cuando la joven esposa de don Luis anunció su preñez, la alegría fue general. Don Humberto, en un gesto de pura camaradería, le prometió a Renato: “Al niño que nazca, le regalo el mejor potrillo de la camada de ‘Relámpago’. Será un buen compañero”. La vida, sin embargo, tiene sus meandros imprevistos. La partera sacó a la luz no a un niño robusto, sino a una niña de ojos vivos...

EL FOGÓN DE LOS DOMINGOS.

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  ‎La casa de la bisabuela respiraba. No era un suspiro, sino un rumor profundo de maderas viejas acunadas por el tiempo, de tierra húmeda en el patio, y de leña chisporroteando en el fogón de hierro, ese altar doméstico de los domingos valencianos. Una casa baja, de paredes que guardaban ecos, en una calle donde el polvo danzaba perezoso en los rayos del sol mañanero. Allí, tres mujeres eran las columnas silenciosas de un universo: la bisabuela, raíz indoblegable; su hija, savia práctica; y la otra, casi hija, sombra querida, criada entre esas paredes, un pilar más en la arquitectura íntima de aquel hogar. ‎Los domingos, sin embargo, eran la excepción al silencio. Era el día en que el aroma del café colao, espeso y oscuro como la tierra buena, se apoderaba de la casa mucho antes de que el sol calentara la calle. La quietud se quebraba con el estruendo alegre de nuestra llegada. Las puertas de madera crujían anunciándonos, y la casa sencilla, de mesa y sillas rústicas que habían vi...