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La fuente del eco.

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En la cima de un pueblo que se derramaba sobre un valle inmenso, la Fuente del Eco era más que un simple manantial. Su agua, pura y fría, aplacaba la sed, cierto, pero su verdadero don era el eco. Cada palabra que allí se pronunciaba, cada risa que se escapaba o cada pena que se confiaba al viento, regresaba del valle con nitidez asombrosa. Era su caja de resonancia, un espejo acústico que devolvía la verdad de lo dicho, sin filtros ni adornos. Los habitantes acudían al alba y al ocaso para beber, escucharse y cotejar sus verdades con el eco del mundo. Las disputas se resolvían no con gritos, sino esperando la voz que regresaba, despojada de la furia original, revelando el peso genuino de cada palabra. Un día, un mercader de tierras lejanas llegó con un artilugio que prometía maravillas. Era un pequeño aparato metálico, brillante y de bordes suaves, que llamaba "Manantial Portátil". Aseguraba ofrecer agua al instante, en cualquier lugar, y lo más tentador: un eco inmediato de...

El desdoblamiento de los iluminados. (Un cuento en la penumbra).

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La ciudad transpiraba ese alquitrán agrio de las tardes que nunca terminan. Yo caminaba —o más bien, mi sombra caminaba— por la Avenida de los Espejos Rotos. No eran espejos, claro, sino escaparates velados por el polvo del Tiempo Detenido. Pero reflejaban, oh sí, pedazos torcidos de la realidad: una pierna aquí, un ojo desorbitado allá, la sonrisa fosforescente de un maniquí sin cabeza.   Frente al Gran Teatro Vacío, la Cola Serpentina. No se sabía para qué. Quizás para respirar, o para recordar cómo se hacía. Yo observaba desde mi costado invisible, ese que se despegó de mí hace lunas, hambriento de silencio. La gente en la fila tenía piel de papel secante, absorbían la humedad del aire con una dignidad aterradora.   Y entonces, ellos . Surgieron de la Bruma Electrónica, envueltos en trajes de luces pixeladas. Los Iluminados. Caminaban sobre una alfombra de aire comprimido, sus risas eran campanitas de vidrio rompiéndose contra el asfalto. Uno llevaba un perro robo...