Aquellos que aún respiran en el silencio
Hay ausencias que no saben cerrarse. Uno cree que la partida es un acto definitivo, un portazo que clausura un capítulo. Sin embargo, hay quienes se marchan del mundo visible y, en vez de diluirse, se vuelven más nítidos. No regresan con ruido. No buscan que los nombren. Se manifiestan de otra manera: en un leve cambio del aire, en una sombra que parece quedarse quieta un segundo más, en esa sensación repentina de que alguien acompasa nuestros pasos aunque caminemos solos. Quienes se han ido no abandonan del todo lo que alguna vez hicieron suyo. Vuelven convertidos en murmuro, en eco, en un pensamiento que atraviesa la mente cuando la noche baja demasiado rápido. No reclaman nada, no esperan nada: simplemente permanecen. Se instalan en la memoria como quienes encuentran un hogar y no tienen prisa por marcharse nuevamente. A veces, mientras la jornada avanza, uno percibe un peso ligero sobre el hombro, como si una presencia antigua y cercana se inclinara a recordar algo que no puede per...