El eco en el cristal.
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¿Qué buscas ahí, en ese pozo sin fondo donde el brillo reemplaza el ser? |
Miras tu reflejo, pulido, sin arrugas.
La luz danza en la pantalla.
¿Qué buscas ahí, en ese pozo sin fondo
donde el brillo reemplaza el ser?
Los dedos se deslizan sobre la nada,
construyendo castillos de aire,
muros de likes y sonrisas prestadas.
El aroma a nuevo, a plástico reluciente,
te envuelve en un abrazo frío.
"¡Mírame!", grita el gesto, la pose perfecta.
Pero el eco responde desde el abismo:
"¿Qué hay dentro, detrás de la fina capa
de piel estirada, de sonrisa programada?"
La risa, aguda, estridente,
se quiebra en mil fragmentos invisibles.
Hablas de éxito, de lo que tienes,
de lo que compraste.
El nombre de la marca, el precio,
el aplauso que esperas.
¿Y el hambre? ¿El verdadero hambre
que carcome las entrañas,
ese vacío que ni todo el oro del mundo
podría llenar?
El sol se pone, pintando el cielo de rojo,
y tú, ciego a su inmensidad,
solo ves la luz perfecta para una selfie.
La sed de lo auténtico, la sed de la vida
que hierve bajo la piel de quien siente,
de quien se atreve a no ser un maniquí.
Esa sed te es ajena.
Prefieres el dulce veneno de la apariencia,
el bálsamo de la aprobación fugaz.
¿Hasta cuándo el disfraz?
¿Hasta cuándo la huida de la grieta,
de la imperfección que te haría humano?
El silencio de tu habitación vacía
es el único testigo de tu verdad,
de la fragilidad que guardas
bajo el brillo opaco del cristal.
Aldo Rojas Padilla.

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