El abrazo del miedo.

‎La jaula es el cuerpo,
‎la llave es pavor.

No es la sombra furtiva,
‎ni el eco en la pared.
‎Es la piel que se ciñe,
‎invisible red.
‎
‎Un tacto sin manos,
‎un aliento sin voz.
‎El temor que nos toma,
‎y no hay dónde ir.
‎
‎Se adhiere al respiro,
‎se enreda en la fe.
‎Nos besa los párpados,
‎no nos deja ver.
‎
‎Y así, prisioneros
‎de un cálido horror,
‎la jaula es el cuerpo,
‎la llave es pavor.

Aldo Rojas Padilla.


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