Astilla Nocturna.


Ahí.  

La hendieron las ramas negras.  

La colgaron —pedazo de vidrio molido, frío—  

en el follaje espeso.


Blanca.  

Demasiado blanca.  

¿Sangra esa luz?  

Se clava en los ojos.  

Se filtra —aguja glacial—  

hasta el tuétano del aire quieto.


Toco la corteza.  

Raspa los dedos.  

El árbol es hueso viejo bajo la luna.  

Y la luna...  

hueso frío  

clavado en el pecho.  

¡Ah!  

Blanca,  

tan blanca  

que quema  

sin herida sangra.



Aldo Rojas Padilla.

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