Abrir la puerta (o cómo empezar sin empezar)
Te encuentras aquí, leyendo estas primeras líneas, y yo escribiéndolas un jueves cualquiera que podría ser lunes. Así funciona esto: el blog nace mientras caminas por sus palabras, no antes.
Quizás esperabas un manifiesto solemne. Prefiero ofrecerte una llave. Esta tinta —azul como el alba falsa de los relojes desobedientes— sólo quiere ser puente, ventana, tal vez un mapa de esos que se dibujan al revés.
El primer paso ya está dado: tú respiras del otro lado. Yo sigo aquí, armando laberintos con semillas de almendro.
¿Nos olvidamos juntos?
Aldo Rojas Padilla.

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